A lo largo de los años pocas cosas realmente importantes han pasado por mi vida, entre ellas destaca un santo grial que era una hermosa mujer que era un cisne, y que por un tiempo estuvo cerca mio.
El olor que provenía del néctar de su copa, la belleza de sus blancas plumas, el color casi único de su piel, su espontaneidad y gracia al hablar eran parte de los atributos que su presencia me regalaba todos los días. Nunca la quise para mi pero esta mujer que era un cisne que era un santo grial me inspiro a escribir lindos versos.
Aunque valía su peso en oro, mi tranquilidad descansaba en su juicio. Un lingote de oro no puede elegir con quien estar, de seguro caerá tanto en las manos del filántropo como en las de el necio.
Por bastante tiempo fue así pero esa tranquilidad no duro mucho ya que un cerdo escarbaba los alrededores buscando su atención y para mi sorpresa este cisne que era una mujer que era un santo grial se sintió completamente atraído por los gruñidos de aquel cerdo.
Que algo pase o no ya no importa, lo cierto es que definitivamente algo cambio. Ahora mis ojos sorprendidos ven que este cisne perdió parte de sus plumas, plumas que tal vez nunca tuvo y observando una copa rota que parece haber estado rota desde el principio mi lengua no titubeo en juzgar de manera hiriente aquel cisne, pero no paso mucho tiempo, mis labios seguían moviéndose cuando de repente la vida puso un espejo frente a mi. Al ver la escasez de mis propias plumas y mi propia copa rota las palabra cesaron, el silencio lleno mis días y fue solo entonces cuando comprendí.
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